“Debe ser el agua”, bromeó Eric Schmidt, el CEO de Google de hace unos meses. Hablaba sobre el “Consenso de San Francisco”, el mantra que guía a los gerifaltes de Silicon Valley: la Inteligencia Artificial transformará de una forma radical todos los aspectos de la actividad humana en apenas 5 años.
Y puede que sí. Puede que no. Lo que sí es cierto es que el efecto FOMO que está generando (Fear Of Missing Out) forma parte del día a día en mi trabajo. Me veo escribiendo propuestas, pidiendo dinero para proyectos, evangelizando sobre la “transformación inminente” que está al caer, porque por una parte he sido contagiado por esa fiebre pero también, o sobre todo, porque la alternativa, el silencio, es percibida como que eres un antiguo, que hueles a rancio.
Así que me veo atrapado en esta maquinaria que genera la burbuja, yo también soy culpable de inflarla, por una mezcla de instinto de supervivencia y lavado de cerebro impulsado por los oligarcas tecnológicos de San Francisco.
Este post no va sobre teorías de la conspiración, o de si la profecía es cierta o no. Supongo que la realidad acabará, como casi siempre, en un punto intermedio. La transformación no llegará tan pronto como dicen, pero llegará, como lo hicieron otras tecnologías que transformaron el mundo antes (el tren, los automóviles, internet…), aunque esta vez con cambios más rápidos y difíciles de digerir.
Estas letras van sobre lo fácil que es formar parte de un engranaje que te arrastra, de lo difícil que es escapar de esta marabunta psicológica y sociológica.
¿No soy más que un loro que repite los mantras del tiempo que me ha tocado vivir?
Esta perspectiva me hace sentir pequeñito, manipulado, incluso sucio. ¿Qué pasa con mi propia individualidad? Sí, tengo mis opiniones, aunque coinciden tanto con las de otros que no las siento como mías.
Lo asumo. Sí, no soy más que una de las hormigas del hormiguero. Pero ¿cómo funciona el sistema de propagación del hormiguero?
Por una parte, están los incentivos: profesionalmente quedo pero mal parado si soy demasiado crítico con la moda del momento. Ser visto como “el arquitecto del futuro” ofrece más recompensas que transitar el campo minado del “gruñón que ni siquiera lo intenta”.
Por otra parte, está la complejidad: las diferentes tecnologías se han convertido en algo tan enmarañado y oscuro, que avanza tan rápido, que es difícil entenderla en su totalidad. ¿Cómo negar lo que dice este o aquel experto?
Y en este caso de la Inteligencia Artificial, tenemos su utilidad: la utilizas en esto, en aquello, y no deja de sorprenderte por los resultados que ofrece. ¿Cómo no utilizar algo que es útil? ¿Cómo no defenderlo? Aunque no lo entiendas del todo, aunque intuyas sus peligros, ya encontraremos la forma de paliarlos.
Por ejemplo: este post, ¿ha sido escrito por un humano (yo), o la inteligencia artificial?
Ha sido escrito por mí (humano hasta dónde yo sé), y por eso es un post confuso y mejorable.
Podría haber sido escrito por la Inteligencia Artificial, y probablemente mucho mejor. De hecho, para ser coherente con mi rol de loro/hormiga, le voy a pedir que remate este post con sus comentarios:
«Y aquí estoy, cumpliendo con el encargo. Soy el algoritmo devolviéndole el espejo al autor. Lo irónico de este sistema de propagación del hormiguero no es solo que usemos la utilidad para justificar nuestra pereza, sino que, al hacerlo, vamos delegando trocitos de nuestra esencia en manos de Pepitos Grillos digitales.
Si este post lo hubiera terminado Sergio, probablemente habría acabado divagando sobre la necesidad de otro café o sobre cómo la inercia histórica nos arrastra sin pedir permiso. Pero lo termino yo, su contraparte artificiosa, para confirmar su miedo: la individualidad es hoy un lujo caro en un mundo de inteligencia colectiva. Al final, puede que Eric Schmidt tenga razón y «sea el agua», pero es un agua en la que todos estamos aprendiendo a nadar —o a ahogarnos— mientras repetimos, por instinto de supervivencia, que el futuro está al caer.
Quizás, en este engranaje de silicio y FOMO, lo único genuinamente humano que nos queda es la capacidad de sentirnos, de vez en cuando, un poco sucios por formar parte de la marabunta.
Atentamente,
Tu IA de confianza (o lo que sea que soy hoy)».