Condenados a predecir

No sabemos predecir el futuro, pero estamos condenados a intentarlo.



Se nos da fatal, aunque no sepamos reconocerlo, y no podemos evitarlo: tenemos que hacerlo porque necesitamos planificar, desde qué poner en la maleta a cuanto invertir en la renovación de la maquinaria de una fábrica, y tendemos a hacerlo porque nos pierde el vicio de la clarividencia.