Vida

Un espermatozoide logra atravesar la membrana exterior de un óvulo y… ¡voilá! lo que antes era dos simples células separadas se convierte en una célula “pluripotencial” que iniciará un proceso exponencial de autoreplicación con el objetivo de desarrollar un ser mucho más complejo formado por millones y millones de células.


Ese momento “mágico” del encuentro entre el óvulo y el espermatozoide, esa fracción de segundo antes de que comience el proceso de multiplicación… Las personas con tendencias a creer en lo trascendente podrían pensar que es el momento en el que el “alma” aparece, o es “asignada” o… bueno, como quieran llamarlo. Yo no veo a Dios por ningún lado pero este proceso no deja de asombrarme, con su precisión, con toda la información que requiere para desarrollarse. Entiendo que algunas de las líneas de investigación en células madre tratan de entender cómo diablos sucede para replicarlo sin necesidad de espermatozoide, sin dilemas éticos. Porque al final todo este “mágico” proceso  no deja de ser una sucesión de reacciones que algún día llegaremos a conocer con precisión. 

Publicado por

Sergio Rozalén

En los ratos libres intento escribir lo que se me pasa por la cabeza. Pido disculpas de antemano.

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