Qué será de mí

Van Gogh vendió un puñado de cuadros antes de morir. Más de cien años después es uno de los pintores más reconocidos del mundo y figurará en los libros de Historia durante muchos siglos.
Que la fama llegue después de la muerte no es algo del todo inusual. Tiene un punto de amargura, de Justicia Poética quizás, aunque queda fuera del alcance del inmortalizado el uso que de su memoria se haga.
¿Qué pensaría el curandero de Galilea que predicó sus ideas, rebelándose contra el poder establecido, sobre cómo se utilizaron sus ideas durante los siguientes 2.000 años después de su muerte?
Algo así como “¡Joder la que he liado!”…