Isaac Newton, el profeta que creyó ser elegido por Dios

  La mente privilegiada de Isaac Newton descifró el lenguaje matemático que se escondía detrás del movimiento de los astros. Era una mente capaz de encontrar patrones en la enrevesada realidad y plasmarlos en ecuaciones que permitían anticipar sus apariciones en el cielo. Todo un hito en la Historia de la Ciencia.

  Uno podría pensar que una mente tan racional, tan científica, debería estar correlacionada con un alto nivel de escepticismo, ¿o no?

  Pues no. Él mismo se consideraba una de las pocas personas en el planeta capaz de entender el verdadero significado de la Biblia. Elegido para esta tarea por el mismo Dios. Creía firmemente en el valor profético de las Sagradas Escrituras y dedicó mucho tiempo a descifrar sus códigos ocultos. Según sus cálculos, por ejemplo, el Fin del Mundo no llegaría antes del 2060.

  Tiene sentido. Me refiero a que la misma mente que es capaz de analizar la realidad, encontrar patrones ocultos y plasmarlos en el libro Philosophiæ Naturalis Principia Mathematica, base de la Mecánica Clásica, también puede embarcarse en la disparatada aventura de encontrar códigos ocultos en ese mezclaillo de cuentos y leyendas escritos centenares o miles de años atrás que es la Biblia. Esa mente tiene la necesidad seguir desafiándose a sí misma con nuevos entretenimientos, y a veces se centra en temas valiosos y fructíferos, otras veces le da por entretenerse con asuntos más baldíos.

   Me recuerda la escena de “Una Mente Maravillosa”, que narra la vida del matemático John Nash, otra mente priviliegiada que desarrolló la Teoría de los Juegos, pero que al mismo tiempo sufría de esquizofrenia. En una de sus paranoias cree que es contratado por el Pentágono para descifrar mensajes ocultos que los soviéticos esconden en periódicos y revistas, y él cree encontrar estos mensajes: