Ajedrez

   Me gusta el ajedrez, pero no soy muy buen jugador. Me precipito, no tengo la paciencia necesaria para analizar las posibilidades a las que te enfrentas en un tablero. Aunque, bueno, a decir verdad, son inabarcables.

   “El cálculo en el ajedrez no se basa en uno más uno, sino más bien en descubrir un camino, un mapa que cambia constantemente ante nuestros ojos… Cada movimiento tiene cuatro o cinco respuestas posibles, más las cuatro respuestas correspondientes a cada movimiento, y así sucesivamente. La ramificación del abanico de las decisiones crece en progresión geométrica. Tan sólo cinco movimientos después de la posición inicial, ya plantea millones de posiciones posibles.”


   La irreflexion de hoy es sobre el paralelismo entre el ajedrez y la vida. Todos los días nos enfrentamos a posiciones en nuestro tablero a las que hay que responder. Entre la pereza y la rutina no percibimos de las posibilidades que hay escondidas detrás de cada una de nuestras piezas, o las amenazas con las que nos acecha el “contrario”. Pero al mismo tiempo analizar en exceso las situaciones que vivimos es entre inútil e imposible, no es productivo pensar más allá de unos pocos movimientos porque el tablero puede haber cambiado tanto que nuestras estrategias dejarán de tener sentido.