¿Reencarnarme? Elijo gato

Hoy, mientras paseaba, he visto un gato adormilado sobre un muro. Empezaba a chispear y las pocas gotas que caían apenas molestaban a ese gato gordo y apachorrado. Lo primero que me vino a la mente fue “Qué cabrón…”, porque, la verdad, daba envidia esa actitud que mostraba de “joer, vaya siestecita más buena me estoy metiendo…”.

Como ateo devoto que soy, lo de la reencarnación me parece una enternecedora y creativa forma de justificar el orden del cosmos, pero si existiera realmente una patraña como ésta, está claro que reencarnarse en gato doméstico sería claramente un ascenso en la escala de seres vivos del Universo.

¿Que te has comportado como un cabrón durante tu vida? Te reencarnas en lombriz intestinal, de esas que residen cerca del ojete. ¿Qué has sido una persona de puta madre, un bendito? Te reencarnas en gato.

Así que cada vez que veas un gato echándose una siestecita, piensa que detrás de esa pachorra, ese actitud de “me la suda todo”, a lo mejor hay una persona que se lo curró en la vida anterior, y resulta que ese gato fue Ghandi, o Teresa de Calcuta, o incluso el mismísimo Eugenio.