Los últimos de Filipinas

La Historia de España no tienen muchos momentos de los que sentirse orgulloso en su pasado reciente. A falta de de hitos históricos relevantes, el orgullo patrio convirtió una derrota en un hecho memorable: la defensa numantina de un grupo de valientes que resistieron un año al enemigo americano y filipino en una remota iglesia, a pesar de que la guerra ya había acabado.

Este tipo de hechos han sido frecuentes a lo largo de la historia, ya que no existían buenas conexiones a Internet que te informaran al minuto de lo que estaba sucediendo. Los casos de soldados japoneses rindiéndose décadas después del final de la segunda guerra mundial son un ejemplo triste de aquello.

Pero más allá de estas curiosidades que forman parte de la Historia Militar, el concepto de gente que se resiste a una realidad palpable puede trasladarse a la psicología de los individuos. Nuestro cerebro actúa filtrando la información que recibimos, y aunque la recibamos no nos la creemos, como aquellos militares españoles que dudaban que los periódicos que el enemigo les estaba proporcionando, en los que se leía que la guerra había acabado, eran una trampa.

No aceptar las consecuencias de la globalización y el fin del nacionalismo es un ejemplo de pensamiento en modo “Los Últimos de Filipinas”. Siempre existirán un grupo de “últimos”, resistentes heróicos, ante cualquier idea, por muy arcaica o cuestionable que sea.