Repartir el riesgo

Volver a la oficina a trabajar es algo que tiene sus riesgos. Mi empresa quiere empezar a dar pasos en esa dirección porque dice que “no es una empresa de trabajo remoto”. No estoy de acuerdo con esta mentalidad, que a día de hoy me parece anticuada y hasta decepcionante. Pero sí estoy de acuerdo en hacer esfuerzos para acercarnos a una realidad “más normal”.

Algunos de mis compañeros de trabajo no quieren volver a la oficina, dicen que todavía no es seguro y que pueden ser perfectamente productivos trabajando desde casa.

Lo de ser productivos lo entiendo, todos nos hemos acostumbrado a las reuniones virtuales y muchos de los trabajos de las grandes empresas se pueden hacer desde casa. Aunque se pierden cosas, no directamente tangibles, relacionadas con las comunicaciones más informales, las que no dependen de una reunión programada de antemano.

El problema es la situación de todas aquellas personas que no tienen más remedio que ir al lugar de trabajo porque no pueden hacerlo desde casa. Supermercados, trabajadores de logística, hospitales, basureros, escuelas… La mayor parte de la gente tiene que ir a trabajar si quiere un salario, y en muchos casos son además las personas que menos ganan.

Por esto me parece poco solidario cuando leo artículos como el de una profesora que dice que, por favor, que los padres no le pidan ir a trabajar al colegio porque no quiere. Defiende que los niños pueden aprender muy bien con las clases virtuales, y que no quiere correr el riesgo de contagiarse por educar a los hijos de los demás.

Tiene algo de sentido, pero supongo que esta mujer va al supermercado y pide cosas por internet, y seguro que no muestra tanta preocupación por la salud de la persona que le coloca los alimentos en el supermercado para que ella los compre, o por la salud del repartidor que le entrega lo que compró el día anterior en Amazon.

Si no ponemos todos un poco de nuestra parte, va a resultar muy difícil salir de esta. Desde luego hay que tomar todas las medidas y las precauciones necesarias, pero también tenemos que tener cierto espíritu de solidaridad, una solidaridad que no vaya sólo en una dirección, una solidaridad que reconozca el riesgo que muchos están tomando.