Viajar con los ojos abiertos

Cuando vine a vivir a Inglaterra, una de las cosas que me sorprendió fue la gran cantidad de espacio que tenían en sus supermercados para los chocolates. Entrar en un ASDA y ver un pasillo entero con ambos lados llenos de diferentes versiones de productos con chocolate. A este país le gusta mucho los dulces…

Uno puede “leer” como es una sociedad a través de sus mercados, de la misma forma que se puede entender en que sitio vives a través de sus anuncios. Tuve la oportunidad hace unos pocos años de viajar a Florida, y una de las cosas que hicimos fue conducir desde Orlando a una playa en Tampa. Una de las cosas más llamativas de aquel trayecto de unas dos horas fueron los grandes anuncios en las carreteras sobre abogados y litigaciones. Dos horas en las que encontramos grandes paneles con esta publicidad cada pocos minutos.

Viajar te permite detectar este tipo de cosas, cosas que das por sentado en tu lugar de origen que son cuestionadas si abres bien los ojos cuando estás en un lugar diferente. Como la primera vez que fui a Londres a mediados de los 90. Acostumbrado a la poca diversidad cultural en mi entorno de entonces, me encontré en medio del centro de Londres maravillado por la diversidad de razas y de vestimentas de una ciudad verdaderamente cosmopolita.