Tolstói y Gandhi

Estas Navidades me regalaron «La esclavitud de nuestro tiempo», de Tolstói. Es un pequeño libro escrito por el autor ruso ya anciano, después de «Guerra y Paz» y «Ana Karenina», convertido en un moralista cristiano‑anarquista que rechaza la propiedad privada, el Estado, la guerra y la Iglesia oficial.

Publicado en el año 1900, está basado en su experiencia observando a los campesinos rusos tras la abolición de la servidumbre (1861). Concluye que la explotación no desapareció: cambió de forma y se legalizó a través del salario y la propiedad de la tierra.

«Antes se arrebataba a los obreros mediante la fuerza o por medios ilegales el resultado de su trabajo, y después se han legalizado las normas mediante las cuáles esa usurpación violenta e ilegal del fruto de su esfuerzo se considera un derecho inalienable de la propiedad para los usurpadores», escribe en el capítulo 10.

Lo acabo de leer, es un libro interesante que más de un siglo después sigue teniendo sentido. Lo que no sabía es lo que he descubierto investigando un poco más. Gandhi lo leyó en 1909 y originó un intercambio de cartas entre el entonces abogado hindú y el escritor ruso. Esto ocurrió poco antes de que éste último muriera en 1910.

Gandhi ya era un admirador de Tosltói desde sus años de estudiante en Londres. En este tiempo descubrió «El reino de Dios está en vosotros» y quedó “conmocionado” por la idea tolstoiana de la no‑resistencia al mal. En 1928 escribió: “Sin Tolstói tal vez nunca habría descubierto la fuerza ilimitada de la verdad”.

En «El Reino de Dios está en vosotros», Tolstói denuncia que Estado, tribunales y ejército se basan justo en la violencia organizada, y llama a no colaborar con impuestos bélicos ni con el servicio militar. «Construye una argumentación lógica —no teológica— de por qué toda violencia niega la ley del amor y, por extensión, es inútil para reformar la sociedad».

Este escrito ofreció a Gandhi la columna vertebral intelectual que sentía que le faltaba. Incluso le sirvió como modelo personal, ya que Tolstói vivía en pobreza voluntaria y trabaja la tierra, “predicando con el ejemplo”.

Un ruso, un indio que vivía en Sudáfrica. Unas ideas que traspasan nacionalidades, continentes, religiones… el germen del movimiento de no‑violencia del siglo XX.

A lo mejor, después de todo, hay esperanza – aunque hoy en día no lo parezca.

(Aquí dejo las cartas que se intercambiaron – en inglés, no las he encontrado en español).