Nuestro horizonte ha cambiado.
El límite no está donde alcanza la vista: está en nuestras pantallas.
Viajamos con los dedos para atender los mensajes de desconocidos.
Comunicaciones unidireccionales que el circo máximo resuelve con los pulgares.
Nos acostumbramos a no dialogar: lanzamos veredictos.
Mensajes en botellas para un océano saturado de botellas con mensajes.
Pero este mismo mensaje es la viga en el ojo.
Lanzamos pedazos de nosotros al océano.
Todos somos Truman: este es nuestro show.