Se miró en el espejo y vio una mancha.
Una salpicadura simétrica que cualquiera podría interpretar como le viniera en gana.
Entrecerró los ojos. ¿Cómo se veía hoy? ¿Cómo le verían los demás?
Se giró, su mujer también era otra mancha. Le dio un beso. “Que te vaya bien el día”, dijo antes de salir por la puerta.
Volvió al espejo, se ajustó la corbata.
Salió a la calle. Mientras caminaba observó con curiosidad todas las manchas que se cruzaron en su camino.