De la Ficción a la Conspiración

Una historia nace para ser contada como simple entretenimiento: seres de otros planetas vienen a visitarnos o a invadirnos, como en “La Guerra de los Mundos” de H.G. Wells, publicada en 1898. Lo de si los extraterrestres existen es una idea atractiva, fruto del despertar que supone darnos cuenta de que el Universo es inmenso y lleno de posibilidades. El principio del siglo XX ve como las revistas de Ciencia Ficción se multiplican y se llenan de hombrecitos verdes y naves espaciales. Esta imagen, por ejemplo, es de una revista de 1929:

En 1947, poco después de la peor guerra en la historia de la humanidad, del inicio de la era atómica, se producen los primeros avistamientos de platillos volantes, de OVNIs. Desde entonces miles de personas dicen haberlos visto, ser contactados, abducidos o incluso violados por seres extraterrestres.
Una idea nacida para el entretenimiento o el desafío intelectual se convirtió en una realidad virtual para los millones de personas que creen que somos visitados o incluso controlados por los aliens, en una pseudociencia infestada de charlatanes que confunden la imposibilidad de negación de las ideas más peregrinas con pruebas irrefutables de su existencia.
Vamos a un pasado más reciente, uno en el que muchos de nosotros hemos formado parte. Años ochenta, serie de televisión que fascinó a los de mi generación: V. El planeta es invadido por una raza extraterrestre de lagartos, con Diana como malvada principal, aquella que se zampaba los ratones de un bocado.

No me atrevo a verla de nuevo, las series ochenteras no aguantan bien el paso del tiempo, pero como fuente de entretenimiento para un niño de 12 años, esta batalla entre extraterrestres y humanos no estuvo nada mal.
Pocos años después, a principios de los 90, a un presentador de deportes de la BBC, David Icke, se le va la olla tras visitar a un vidente que le revela que él es un sanador con una misión en la Tierra. Él es la persona que va a revelar a la Humanidad la atroz verdad que se nos está ocultando: que estamos controlados por una raza de reptiles extraterrestres que dominan el mundo. Viven en instalaciones subterráneas, comen niños, toman formas humanas, de hecho mucho de nuestros gobernantes, como Bush o la Reina de Inglaterra, son lagartos, incluso de cantantes country como Kris Kristoferson o Boxcar Willie también lo son.

Casi veinte libros después, hoy en dí­a es un conferenciante con miles de seguidores en todo el mundo, que verdaderamente creen en sus visiones apocalípticas, conspiranoicas, en su mejunje de ideas prestadas de las más diversas y extravagantes fuentes (en sus libros más recientes, por ejemplo, llega a incorporar elementos de la película The Matrix).

Más allá de lo preocupante que puede ser que una persona con algún tipo de desorden mental obsesivo-compulsivo pueda llegar a tener una legión de seguidores en Internet y de paso ganarse la vida muy bien, lo interesante es ver como las creaciones mentales, los memes, por muy ridí­culos que puedan llegar a ser, si son lo suficientemente atractivos, si tienen un “mercado”, se propagan, son infecciosos, mutan, se reproducen y algunos, los más aburridos, mueren.

Porque en el fondo se trata de puro entretenimiento. Cómo mola pensar que la realidad está plagada de extraterrestres, de seres sobrenaturales, de milagros, de complots, en lugar de inspectores de hacienda, de colas del supermercado, de madrugones para ir a trabajar o de inoportunas almorranas.

Que la Fuerza os acompañe.