El fin del trabajo

  Hay muchos millones de parados en España, demasiados. Los diferentes partidos políticos, en su supina ineptitud, no son capaces de ofrecer una solución clara aunque, la verdad, incompetencias aparte, el problema no tiene fácil solución. Y no la tiene porque la raíz del problema es estructural y va más allá de lo que un país de medio pelo puede abarcar.  

   Es la Tecnología, estúpido! podríamos decir cuasi parafraseando a Bill Clinton. El trabajo, tal y como lo conocemos, se nos está acabando. El poder de computación, en los albores de la mecánica cuántica, sigue creciendo de forma exponencial, el desarrollo de algoritmos de Machine Learning está haciendo posible automatizar y hacer más efectivos procesos que hasta ahora requerían de seres humanos; la fuerza irreversible de la globalización sigue empujando hacia la total evaporación de cualquier actividad industrial que todavía somos capaces de mantener… Se nos está quedando un país de sol y playa, de bares, de peluquerías, de construcción y de puticlubs. Casi todas profesiones muy nobles, pero no suficientes para mantener una sociedad que aspire a cierto nivel de bienestar.

  Nos dirigimos hacia una encrucijada de diferentes escenarios sociales y económicos. Podemos acabar haciendo realidad esas distopías del que algunas obras de ciencia-ficción nos han advertido, como Código 46, Elysium o el mismísmo HG Wells con su “Máquina del Tiempo”; o podríamos elegir un modelo en el que las máquinas hacen la mayor parte del trabajo, el poco que nos queda lo repartimos entre todos y una especie de Estado del Bienestar Global asegura que todas las personas, iguales en derechos y obligaciones, participen de forma justa en una sociedad planetaria.

  Qué ingenuo suena, verdad? Pues imagínate cuál va a ser el camino que acabaremos tomando si no empezamos a imaginar desde ya cómo podemos hacerlo realidad.