Todos no éramos iguales

El sistema de castas está todavía muy vivo en países como India. Existen leyes que tratan de suavizarlo, pero es parte de su cultura y se manifiesta y se perpetúa a través de los matrimonios, en los que lo normal es casarse con gente de su misma casta. 
El punto central de esta mentalidad es creer que no todos somos iguales, que nuestro nacimiento determina lo que somos y lo que podemos ser, y esta creencia se manifiesta todos los días en las decisiones que uno toma.
Pero estas creencias están también en otras culturas, tal vez no de una forma tan descarada, pero lo están. Todos discriminamos de forma positiva o negativa en función de las apariencias, de hecho, seguramente es un mecanismo psicológico casi inevitable. Tenemos que tomar decisiones en función de la información que disponemos, y normalmente la información disponible es escasa y superficial.
Lo normal durante miles de años ha sido pensar que no somos iguales, porque de alguna forma es la conclusión más “natural” si no cuentas con suficiente información como para desafiar esta propensión.
El desarrollo del Conocimiento, propulsado por la palabra escrita, es lo que ha permitido que en los últimos siglos muchos pensemos que “todos somos iguales”. Es un salto evolutivo en nuestra forma de pensar.