El cementerio de las ideas olvidadas

Para que la evolución biológica pueda tener lugar hace falta antes una evolución física, esto es, la formación de las estrellas, de los planetas, reacciones químicas en la atmósfera, actividad volcánica… De alguna forma, todo es mundo físico que es necesario como contenedor, y concebido en principio como materia inerte, es un paso inicial imprescindible, y un acompañante necesario a lo largo de la evolución de la vida.

De la misma forma, una vez desarrollados los contenedores físicos (el planeta con las condiciones adecuadas para la vida), y el contenedor biológico (los “cuerpos” con todos sus componentes, incluido el cerebro), es el momento para el desarrollo de otro elemento, al que llamaremos la “Conciencia” a falta de otro nombre mejor.

La inteligencia desarrollada por los humanos, más allá de que existan otros animales con capacidades similares, es un punto y a parte en el desarrollo de la vida, es algo más, algo diferente, de la misma forma que el desarrollo geológico y el desarrollo biológico son diferentes. Ser capaz de la capacidad de crear conceptos, desarrollarlos, comunicarlos, de entender las dimensiones del universo desde nuestro insignificante planeta, ser capaz de desarrollar capacidades de computación que superan con creces la de nuestro propio cerebro, estar cerca del momento en el que seamos capaces de crear un nuevo tipo de “vida” diferente al biológico…

Esta, la de la “conciencia” es una inevitable y esperada tercera fase en el desarrollo del universo, que tiene que haber surgido en otras partes del mismo, y que no tiene por qué ser la última.

Pero, ¿en qué consistirá la cuarta fase?