Sobre clarividencia

Douglas Haig fue el líder del ejército británico en la Primera Guerra Mundial, una guerra en la que murieron unos 750.000 británicos, el doble de bajas que las que sufrió este país en la Segunda Guerra Mundial.

Cuando murió, en 1928, fue enterrado con honores, con cientos de miles de personas en las calles, con todo un país considerándolo un héroe.

Pero a partir de los 60 la visión de muchos historiadores es que fue un general con una mentalidad anticuada, que no supo entender lo suficientemente rápido como la tecnología estaba cambiando las guerras, y como consecuencia fue el culpable de carnicerías que causaron un número demasiado grande de bajas innecesarias.

Otros historiadores le defienden, diciendo que el punto de vista anterior es demasiado simplista, que hay que entender al personaje en el contexto de su tiempo, que en realidad el ejército británico evolucionó durante la guerra y esos avances son los que permitieron finalmente ganarla.

Los dos puntos de vista tienen algo de razón, un ejemplo de como es fácil ver “a toro pasado” los errores de otros, pero al mismo tiempo hay que ser una persona excepcional para entender tu presente y hacia dónde evoluciona.

¿O es que vemos con clarividencia el futuro que nos espera desde nuestro presente, aquí y ahora?