Juego de Tronos

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Hace poco leí el libro El Cid de Pérez Reverte, que lo muestra como lo que probablemente fue, un mercenario que luchaba en un tiempo en el que existían señores y sus dominios, no naciones, en los que la mayor parte de la gente no sabía leer un mapa, en los que sobrevivir era un gran logro.

Estos días estoy viendo una serie de televisión sobre El Cid, algo mejorable, pero que ayuda a visualizar aquella época. Un tiempo en el que todavía debía quedar una memoria borrosa del origen godo de la mayor parte de los nobles, en el que la guerra y la violencia eran habituales, en el que los intereses de poder y familiares eran más importantes que cualquier concepto identitario.

Y a pesar de todo, hay gente que considera que esas historias de “juego de tronos” dan sentido a una nación.