La importancia de un alunizaje soviético

La serie de televisión “For All Mankind” explora la idea de un pasado en el que los soviéticos hubieran llegado un mes antes a la luna. Apenas he visto un par de capítulos pero las ideas que se plantean son interesantes. ¿Hubiera triunfado el comunismo gracias a este impulso de mercadotecnia que era la carrera espacial? ¿Cómo hubieran respondido los norteamericanos?

Personalmente no creo que hubiera cambiado mucho. El sistema soviético habría colapsado de todas formas, falto de la eficiencia y capacidad de adaptación del capitalismo. Los frutos de la carrera espacial, más allá de la propaganda, fueron mejor aprovechados por los norteamericanos, quienes recogieron los frutos de la inversión en tecnología de los años 60 y los aprovecharon para desarrollar la industria tecnológica en la que todavía hoy se sustenta.

Existe una inercia en la histora que no es fácil de anticipar pero que está ahí y va más allá de algunos hechos específicos que puedan acontecer, o no. No se trata de predestinación, sino de las fuerzas que nos empujan a todos, queramos o no, que deja poco espacio a la individualidad.

Estos días debatimos unos amigos, otra vez, sobre la situación en Cataluña, con el empalagado tema de la independecia. La indignación en primera persona sobre lo que sucede allí puede ser bastante frustrante, pero obecede a unas fuerzas que empezaron a ejercer su influencia hace décadas, basados en unos plateamientos arcaicos, los de los nacionalismos, que están dando sus últimos estertores en este nuevo mundo verdaderamente globalizado que se nos avecina.

La inercia de la historia nos lleva a un mundo en el que las fronteras físicas dejarán de tener importancia, en el que las personas no se identificarán como españoles o catalanes, sino como algo diferente, en el que no estaremos tan vinvulados a una zona geográfica de un planeta que se nos volverá más pequeño.

Así que lo de las tensiones nacionalistas de hoy no será más que una anécdota en el futuro, como lo fue quién llegó primero a la luna. Y pensar así te hace sentirte muy, muy pequeño, como una hormiguita que carga con su pedacito de comida en medio de la inmensidad.