Las Olimpiadas y Ramón García

Me gusta ver las Olimpiadas. La tele puesta a todas horas mientras emite deportes que sólo te interesan cada cuatro años. Una tradición que hemos mamado desde la infancia y nos ilusiona que unos “tiradores olímpicos” ganen una medalla para España, o un “gimnasta artístico”, o una atleta de tripe salto…

Me gusta a pesar del tufillo nacionalista heredado del siglo XIX y XX que tienen las Olimpiadas. Las primeras de la edad moderna se celebraron en 1896, en pleno apogeo del concepto de nación y se plantearon como un desafío pacífico entre todas ellas. De alguna forma me recuerda al programa “El Gran Prix” de Ramón García, en el que competían pueblos de la geografía española. Desde este punto de vista, las Olimpiadas me parecen una competición simpática y sana, en la que uno apoya a la gente “de su pueblo” y se siente orgulloso de que ganen “los suyos”.

Mientras el nacionalismo de las Olimpiadas se quede en este espíritu “ramongarciaesco” del Grand Prix, mola.