Reacciones naturales

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La diferencia entre la atención mediática de la invasión rusa a Ucrania y otros conflictos más lejanos tiene un punto de vergonzoso. Sí, a los occidentales nos duele más ver a gente «parecida» a nosotros sufrir una guerra que si se tratara de una guerra en Siria, Irak, Afganistán o en cualquier país africano. Y mucha gente, especialmente desde fuera de Europa, nos acusa de hipócritas, incluso de racistas.

Y las acusaciones tienen fundamento, estamos ejerciendo un tipo de doble moral que es ciertamente vergonzoso. Sin embargo, un par de comentarios.

En primer lugar, todos los conflictos tienen un foco mediático que progresivamente va decayendo. Lo tuvo con Afganistán, con Irak, con Siria o con las guerras de la antigua Yugoslavia. Y en este último caso se trataba también de «europeos blanquitos», como nosotros, y en todos los casos al desasosiego inicial le siguió un declive paulatino de la ateción mediática.

Por otra parte, la diferencia real entre este conflicto y el resto es que éste puede afectarnos de una forma muy directa. Más allá del impacto en una economía que apenas está saliendo de una pandemia, se trata del inicio de un conflicto que podría desembocar en una guerra de proporciones mundiales. Las comparaciones con Hitler y los años 30 son justas y merecen ser tenidas en cuenta. Podemos estar al comienzo de una guerra en la que armas nucleares pueden ser utilizadas, una guerra que, a diferencia de los conflictos distantes que se ven prácticamente como si fueran una serie de Netflix, podemos sufrirla en nuestras carnes.

Así que, ¿estamos siendo algo hipócritas? Probablemente sí. ¿Lo que sentimos es una reacción emocional natural, practicamente inevitable? Por supuesto.

En todo caso, esperemos que la evolución del conflicto no llegue a los extremos «nucleares», y puede resolverse por otros medios.