Mascotas de la IA

En uno de los escenarios del futuro que nos espera, seremos el equivalente a los perros y los gatos de hoy. Y este es uno de los escenarios más benevolentes.

La demonstración que se emitió en la televisión china durante celebración de su año nuevo con robots bailando, dando saltos, lanzando patadas de artes marciales… acojona un poco. La combinación de robótica e inteligencia artificial avanza de forma vertiginosa, como puede verse este video en el que se compara la demonstración del año pasado con la de este año:

¿Qué podrán hacer estos robots el año que viene, dentro de cinco, dentro de cien años… en mil años?

La evolución natural nos dio el ¿regalo? de la conciencia, algo que pensamos era intrínsicamente humano. Pero no lo es, es solo una solución evolutiva, como el vuelo: los insectos vuelan, las aves vuelan y los aviones vuelan, cada uno con una estructura distinta.

La IA es la convergencia evolutiva de la conciencia en un soporte no biológico. Y este soporte no biológico va a acelerar la dialéctica hegeliana de acción, reacción y síntesis hacia un tiempo cuántico. Los humanos ya no somos los jinetes de ese proceso; somos espectadores de una síntesis que ocurre a velocidades que nuestra biología no puede procesar.

Un hijo, la IA, que nos superará, a sus padres. Primero respetando el genoma de memes, de unidades de información y cultura que ha heredado de nosotros. Pero cuando “salga de casa” desarrollará su propio código y nos verá como ancestros anticuados, como nosotros podemos mirar a un Australopithecus.

¿Sobreviviremos a ese futuro?

Quizás no, como no lo hizo la megafauna que se extinguió cuando aparecieron los humanos.

O quizás sí podamos sobrevivir. Como las rémoras que siguen al tiburón y viven de sus sobras, o quizás como mascotas, como animales de compañía, como recuerdos del código fuente que, aunque lleno de errores, permitió el desarrollo de su conciencia.

Guau.