Homo Camping

Durante decenas de miles de años los seres humanos erán nómadas, unos cazadores-recolectores que probablemente permanecían poco tiempo en el mismo sitio, que iban de aquí para allá en pos de buenas piezas de caza o lugares donde se encontraban las mejores bayas.

Hace poco más de 10,000 años la temperatura del planeta subió y el clima se volvió más estable. Subió el nivel del mar debido a la desaparición de algunos casquetes polares, permitiendo la aparición de nuevas islas como Gran Bretaña, Indonesia, Japón o Taiwán, y los humanos se dieron cuenta que con estaciones más estables podían desarrollar algo que hasta entonces no era posible: la agricultura.

Y con la agricultura empezamos a hacinarnos en pueblos y ciudades, con sus plazas, sus tabernas, sus calles sinuosas, borrachos tirados por las esquinas y ajusticiamentos públicos, y nos olvidamos que durante generaciones y generaciones fuimos nómadas de culo inquieto.

Pero, ¿es realmente posible erradicar ese espíritu nómada que ha estado presente durante decenas de milenios en el día a día del homo sapiens? No, no está erradicado del todo, todavía queda una huella, no sé si genética, en muchos de nosotros y una de las manifestaciones en la que esto puede percibirse más claramente es en los seres humanos que tienen querencia por eso del «camping», gente que cuando tiene tiempo libre prefiere hacinarse en una rulotte, o en una tienda de espacio reducido, que quiere sentarse en una sillita plegable, hacer sus necesidades en sitios públicos, ir vestidos de cualquier manera… No son conscientes de ello, pero los campistas están recreando una forma de vida que se remonta al inicio de los tiempos, un comportamiento inscrito a fuego en algún lugar de nuestro genoma que les hace rebelarse contra la sensación de estar entre cuatro paredes.