Lamark y su amigo Darwin

Yo, en el fondo, soy algo Lamarkista. Que no se me entienda mal, también soy evolucionista hasta la médula, Charles Darwin es uno de mis ídolos. Pero las teorías evolucionan, a veces volviendo a mirar al pasado, y en principio ambas ideas pueden ser compatibles: el mecanismo evolutivo planteado por Darwin es todavía válido (la combinación de mutaciones aleatorias y las presiones ambientales) y probablemente el mayor “motor” de los cambios en las especies, pero el concepto lamarkiano de que existan situaciones en las que las influencias en la vida de un ser vivo pueden ser transmitidas directamente a su descendencia no son del todo descabellas.

No es que las jirafas tengan el cuello largo porque sus ancestros se estiraran mucho, el más famoso ejemplo que el bienitnencionado de Lamark describió. Pero existen casos comprobados en laboratorios en los que una generación transmite a la siguiente un atributo importante, como las lombrices que desarrollaron resistencia a un virus y que transmitieron esa inmunidad a su descendencia a través de ARN virales, independientemente del genoma.

Una de las funciones del ARN es regular la expresión genética, esto es, puede “silenciar” algunas partes deel ADN. Estos ARN virales externos, afectan al ARN interno, y este a su vez puede afectar la expresión genética del ser vivo y su descendencia.

No está claro cómo de relevante son este tipo de mecanismos en todo el proceso evolutivo, pero lo que sí indica es que el concepto de que es posible transmitir “algo” a la descendencia no es una idea que tengamos que tirar a la basura. De hecho puede complementar muy bien al bueno de Darwin.